El Sermon del Cardenal Dziwisz
El Sermon del Cardenal Dziwisz Junto a la Tumba de Juan Pablo II, al Comenzar la Asamblea Administrativa.
Hoy nos encontramos con Jesús quien manda a sus discípulos allí a donde El pensaba dirigirse. Ellos tienen que preparar su llegada a los corazones humanos, trayéndoles paz, curando a los enfermos, dándoles la Buena Nueva: “Se acercó a Uds. el reino de Dios” (Lucas 10,9). Esa misión de los discípulos de Jesús ha durado dos mil años. El Redentor desea acercarse a cada hombre, a cada generación, a todos los rincones del mundo, a donde el hombre vive y trabaja, a donde ama y sufre, a donde teme y tiene esperanzas.
Jesús necesita a personas con un gran corazón, listos para entregarse a su disposición, para que Su Evangelio ilumine a las penumbras, y les muestre el camino y la meta. “La cosecha es grande, pero hay pocos trabajadores”. Esa desproporción aparece también en el mundo y la Iglesia de hoy. Por eso Jesús nos anima para que mas que nada pidamos al Señor una cosecha, “para que mande a sus trabajadores a su cosecha” (Lucas 1,2). La petición para conseguir a nuevos trabajadores en el viñedo del Señor debería ser la expresión de nuestra preocupación para que todos los hombres se encuentren adentro del perímetro del Evangelio, el que transformará al hombre y dará sentido a su vida.
Mandados por Jesús “como ovejas entre lobos”, o sea a un mundo hostil, deberíamos de ser transparentes, desinteresados, sin llevar consigo “cargas y pesos” (Lucas 10, 3-4). La pobreza del apóstol es signo de la veracidad de sus intenciones. Nos damos cuenta de que hoy el mundo es muy sensible sobre ese punto.
Son muy emotivas las palabras de San Pablo, a las que leímos en la Segunda Carta a Timoteo, escrita a una prisión romana, poco tiempo antes de su muerte. “Las palabras expresan la gran amistad y hermandad entre el Apóstol y su colaborador: ‘Noche y día te menciono en mis oraciones. Quisiera verte; recuerdo a tus lagrimas. Quisiera que me envuelva la alegría recordando a tu sincera fe’ (tomo 2, 1, 3-5)”.
San Pablo anima a Timoteo, “para que encienda de nuevo el carisma de Dios”, el que ha recibido a traves de las manos del Apóstol, al haber aceptado el servicio a la Iglesia. De esa manera estará mas preparado para “encargarse por la fuerza de Dios de las dificultades y contradicciones hacia el Evangelio.”(tomo 2, 1, 6, 8).
El mundo de hoy necesita a una nueva evangelización. La necesita Europa y la necesita Polonia. Juan Pablo II fue el primero en vislumbrar a esa necesidad y preparó a la Iglesia para que asuma a esa difícil responsabilidad. Luego de terminar el Jubileo del Año 2000, escribio en la Carta Apostólica Novo Mill Ineunte: “El nuevo milenio se abre delante de la Iglesia como un vasto océano, en el que debemos navegar contando con la ayuda de Cristo. El Hijo de Dios, quien por su amor al hombre vino al mundo dos mil años atrás, también hoy continúa su obra; tenemos que mirar con ojos observadores para descubrir a esa obra y tener un gran corazón para que seamos sus instrumentos. (…)
Hoy, Christo, a quien contemplamos y a quien amamos, nos llama nuevamente, para que embarquemos en el camino: “Vayan y prediquen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. (Mateo 28, 19). “Ese mandato misionero─escribió el Santo Padre─nos introduce al tercer milenio, y nos convoca para que imitemos a los primeros cristianos con entusiasmo”. ((n. 58).
Los hombres y las sociedades que más necesitan a la Nueva Evangelización, son aquellas para las que Cristo ha dejado de ser su punto de referencia, y la Iglesia ha dejado de ser para ellos una comunidad en la cual encuentran a su lugar y su apoyo. Sabemos que no es fácil combatir a las barreras de la indiferencia, prejuicios, y enemistad. Es posible derrumbar a esas barreras con una vida transparente y nuestros principios de solidaridad y de piedad, nuestro entusiasmo a la fe, nacido de esta convicción: el que halló a Jesús Cristo, ha hallado el premio más alto y a la perla más preciosa.
La Fundación de Juan Pablo II participa a su manera en la obra de la Nueva Evangelización. Al preservar a la herencia de su beato Patrón, proclamando a sus pensamientos y a su carisma, contribuyendo a la formación cristiana de los jóvenes, proclama a la Buena Noticia en el mundo de hoy. La Fundación ayuda a inspirarse por los pensamientos y la santidad de Juan Pablo II, quien no ha dejado a acompañar a la Iglesia y al hombre en su camino a la eternidad. Que emocionante es la peregrinación diaria de innumerables personas a su tumba, al lado del cual hoy rezamos nosotros también.
Hoy, al lado de la tumba del beato Papa, queremos agradecer a Dios por el obsequio que hemos recibido en su persona y en su servicio. Queremos renovar a nuestra promesa de lealtad a Cristo y a su Evangelio. Le pedimos a Juan Pablo II para que intervenga en esta petición.
Traducido del polaco por Jadwiga Orzechowska-Ancaya









